La selectiva "Mostra portuguesa"

Me he enterado hoy de esa limitada y selectiva "Mostra portuguesa" por medio del tópico articulo de "El mundo" que reproduzco integramente.
Madrid y Oviedo se reparten el festín.



El fado es un lamento musical conectado al alma de un pueblo, el portugués, así como el flamenco lo es del pueblo gitano. Entre ambas músicas hay muchas conexiones emocionales, aunque la diferencia entre una y otra bien podría residir en aquel ensayo de Pessoa sobre el fado: "Toda poesía -y la canción es una poesía ayudada- refleja lo que el alma no tiene. Por eso la canción de los pueblos tristes es alegre y la canción de los pueblos alegres es triste. El fado, sin embargo, no es alegre ni triste. Es un episodio de intervalo. Lo formó el alma portuguesa cuando no existía y deseaba todo sin tener fuerza para desearlo".


Antonio Zambujo, en directo. Durante estos días, Madrid y otras 12 ciudades españolas celebran la gran fiesta de la cultura lusa, gracias a la octava edición de la Mostra Portuguesa. Y el fado no podía faltar entre sus manifestaciones, claro está, una vez que por esta cita ya es costumbre toparse con músicos de la talla de Carlos do Carmo, Mísia, Dulce Pontes, Camané, Mariza o los ¿extinguidos? Madredeus. Este año la oferta incluye a dos nuevas voces fadistas, las de António Zambujo y Carminho.

Ambos artistas representan la actual nostalgia de esta música eminentemente urbana y, por tanto, lisboeta. Pero también representan los nuevos ecos de los que se impregna este género de musicalidad cadenciosa, dejándose querer tanto por sonidos atlánticos como africanos, como de manera más evidente y en sentido inverso hará la caboverdiana Lura, también convocada este noviembre en esta Mostra Portuguesa (viernes 19).
 Carminho es una cantante señalada por muchos como la nueva Amália Rodrigues. Puede que sea una afirmación exagerada empleada para decir, nada más y nada menos, que es una cantante de fados excepcional. La chica acudió anoche a Madrid con un lote de canciones registradas en el que es su único disco, titulado reveladoramente 'Fado', donde las palabras saben a sal de lágrimas y llegan entre el runrún de los tranvías de su Lisboa natal.

António Zambujo, por su parte, tiene un poco más de recorrido, o al menos eso se le presupone tras publicar cuatro discos como dueño de su propio lamento. Hay una gran revolución en torno a este joven cantante y guitarrista del Alentejo, cuyo último decir discográfico tiene por nombre Guía. Tiene en su haber el premio Amália Rodrigues, el Nobel del Fado, pero al igual que Carminho el muchacho tan sólo quiere ser él mismo.
La presentación en España de Zambujo no queda reservada a la plaza de Madrid, donde ayer inició una pequeña gira que este jueves le llevará a Barcelona y el viernes a Valencia. Y lo hace en la intimidad de su poesía y su melodía, apenas escoltado por las cuerdas de un contrabajo y una guitarra portuguesa. Nada más.

El fado de hoy no puede quitarse el traje de ayer, porque si no... Si no, sería otra cosa. Pero sí puede vivir otras palabras y otros sentimientos, que es lo que ofrecen Carminho y Zambujo, dos nuevas voces para un fado de siempre.

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