H A B A S


Hace unos meses, encontré en un arcón una bolsa de plastico con unas habas secas y renegridas. Tomé un puñado, las puse en remojo y al cabo de tres o cuatro dias, cuando habian duplicado su tamaño, las enterré (mas que planté) en el cuadradillo de tierra que llamo huerto.

Poco faltó para que lo cavase todo, preparando la llegada de los tomates, pero algo me hizo respetar aquellos ridículos brotes que aparecieron en febrero.

Hoy he comido las primeras habas (ya sé: un poco retrasadas) pero su ternura, sabrosidad y dulzura me han compensado por todo.

Sigo admirándome por el cotidiano milagro de la vida, de aquella cosa reseca han salido unas plantas ,más o menos airosas pero unos unos frutos realmenteexquisitos.

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